jueves, 10 de septiembre de 2015

.- un marido infiel .- ULTIMOS CAPITULOS

CAPITULOS FINALES.-
CAP. 40.-
Colgaste el teléfono, proferiste una pequeña risa nerviosa y te apresuraste a preparar a Justin.
Tú llegaste al edificio de Kaulitz Holdings justo cuando finalizaba la hora de descanso para comer. El moderno vestíbulo estaba repleto de gente que volvía a sus respectivas oficinas.
Tenías las mejillas sonrosadas por el sofoco de la prisa y, en tu expresión, se veía que habías sufrido un gran disgusto. Ibas vestida con un pantalón blanco ajustado, que te ponías para estar en casa, y con una camisa vieja de Tom. Te detuviste en la entrada y miraste con asombro a tu alrededor.
No podías ver a los niños. Sentiste una punzada en el corazón y avanzaste hacia el mostrador de recepción que había al otro lado del amplio vestíbulo, donde una chica coqueteaba con un joven que estaba apoyado en su mesa.
-Perdóneme -dijiste sin aliento- Soy _____ Kaulitz. Mis hijos. Yo...
-¡Señora Kaulitz! -exclamó la chica, poniéndose en pie y observándote como si no pudiera creer lo que veía.
Túno la culpabas, sabías que tu aspecto era horrible. Pero no te importaba, lo único que querías era ver a Nick  a Vanessa, necesitabas verlos.
-Mis hijos -repetiste-. ¿Dónde están? -preguntaste sin darte cuenta de que la exclamación de la recepcionista se había oído en todo el vestíbulo y todo el mundo te estaba mirando.
-Oh, el señor Kaulitz ha llegado hace diez minutos -te dijo la chica- Los ha llevado a su despacho y ha dicho que usted...
-La acompañaré a su despacho, si quiere -dijo el Joven.
Tú lo miró distraídamente y asentiste.
-Gracias -susurraste y lo seguiste a los ascensores, demasiado turbada para darte cuenta de las miradas curiosas.
El ascensor os llevó muchos pisos más arriba y os dejó en una planta cuyo suelo estaba cubierto por una gruesa alfombra gris que amortiguaba el sonido de sus pasos. Os acercasteis a un par de puertas de color gris mate. Tú aminoraste el paso, sintiéndote extraña, débil. El joven golpeó la puerta con los nudillos, esperó unos instantes y abrió. Luego se apartó para dejarte paso.
Tú te detuviste en el umbral y miraste a Tom con cautela. Estaba apoyado en una gran mesa de despacho, con los brazos cruzados. Los niños estaban sentados, muy juntos, en un gran sofá de cuero. Se te llenaron los ojos de
lágrimas. Dejaste a Justin en el suelo, tragaste saliva y exclamaste:
-¡Oh, Nick, Vanessa!
Y te desmayaste al instante.
Cuando volviste en tú, estabas echada en el sofá y tenías algo frío y húmedo sobre la frente. Cuatro rostros con reconocible parecido entre ellos te miraban con preocupación.

Cap. 41.-
Sonreíste débilmente y recibiste cuatro sonrisas en respuesta.
Tom estaba de rodillas a tu lado y agarraba a Justin con un brazo. Con una mano, agarraba la tuya. Nick y Vanessa estaban a su lado, cada uno apoyado en uno de los hombros de su padre. Era una imagen muy dulce y deseaste tener

papel y lápiz para poder inmortalizada.
-¿Cómo estás? -te preguntó Tom.
-Mareada -dijiste, luego miraste a tus hijos mayores-. Lo siento -dijiste con un susurro y recibiste dos sollozos como respuesta.
Aquel sollozo expresaba su arrepentimiento, sus disculpas, su amor y su miedo al verte desmayarte. Luego, te contaron su aventura atropelladamente: habían llamado a un taxi, reunido sus ahorros para pagarlo, y habían llegado a la oficina de su padre antes de que él llegara, con la consiguiente preocupación para todos los empleados.
-Y metiendo el miedo en el cuerpo a vuestra madre -dijo Tom, y se quedaron callados.
Te dirigió una seria mirada a ti, que agachaste los ojos.
-Lo planearon todo muy concienzudamente -añadió-. Llamaron a la compañía de taxis a la que tú llamas cuando yo estoy de viaje. Dijeron que estabas enferma y que querías que los llevaran a mi oficina. Incluso le entregaron al taxista una de mis tarjetas de visita para que todo fuera más creíble.
-Oh, Vanessa -dijiste, recordando lo importante que se sentía la niña cuando le encargabas que llamara a un taxi para llevarlos al colegio cuando Tom no estaba. La pobre niña agachó la cabeza.
-Yo pensé en usar la tarjeta de papá -intervino Nick, compartiendo valientemente las culpas con su hermana.
Aunque todos sabían que el cerebro de aquella operación había sido la revoltosa Vanessa.
-Lo siento -susurró la pequeña, y tú viste con una punzada en el corazón cómo se limpiaba las lágrimas con su pequeña manita.
El hecho de que no se acercara a su padre para buscar su reconfortante abrazo, te decía que, antes de tu llegada, Tom los había reprendido severamente por su aventura.
Tú observaste a Tom. Estaba pálido y tenía los labios fruncidos, signo de una rabia contenida. Sostenía a Justin, abrazándolo como si necesitara el calor de su cuerpecito para consolarse de lo que realmente deseaba... abrazar a los mellizos.
Se dio cuenta de que tú lo estabas observando y frunció el ceño.
-Mi secretaria está haciendo café -dijo- En cuanto venga, le diré que baje con los niños a la cafetería para que coman algo. Tenemos que hablar.

Cap. 42.-
Aquello sonaba como una amenaza. Tú agachaste la vista y te incorporaste. En ese momento, llegó una joven de rostro muy agradable con una bandeja llena.
Sin dejar a Justin, Tom se levantó y se acercó a ella. Mientras dejaba la bandeja en la mesa, le dijo algo en voz baja y llamó a los mellizos. Los niños le obedecieron con tal certeza que se vieron confirmadas las sospechas tuyas de que les había estado regañando.
Un momento después, Justin reposaba confiadamente en los brazos de la joven, que salió de la habitación dejando paso a los mellizos. Tom sirvió el café.
No dijo nada hasta que te ofreció una taza, sentándose a tu lado para comprobar que te apuraba hasta el último sorbo.
-Bueno, ¿qué ha pasado? -te preguntó entonces.
Tú reconociste tus culpas.
-He sido muy impaciente con ellos -admitiste-. Más de lo normal. Supongo que se han ofendido, así que se han ido a buscar consuelo a otra parte -dijiste y dejaste la taza en el suelo. Estabas a punto de llorar otra vez- Pensé
que habían ido a casa de tu madre... los he buscado por todas partes... Pero no se me ocurrió que fueran a venir aquí.
-Está bien -dijo Tom, agarrándote las manos- No te atormentes más. Están bien, ya lo has visto.
Tú asentiste, tratando de tranquilizarte.
-Lo siento -dijiste al cabo de un rato.
-¿Por qué?
-Por no ser una buena madre para tus hijos -dijiste-. Por... venir aquí.
-Algunas veces, _____ -dijo Tom , perdiendo la paciencia-, me pregunto qué pasa por esa cabeza tuya.
-¿Les has pegado?
Tom frunció el ceño.
-No, me contuve -dijo secamente- ¡Pero los he regañado muy seriamente! Lo que han hecho ha sido estúpido y peligroso, y además, no había razón para hacerlo -dijo sacudiendo la cabeza- Nick ha encajado bien la bronca, pero Vanessa estaba consternada. Creo que nunca le había gritado así.
-Te perdonará -le aseguraste. Vanessa adoraba a su padre.
-No, si es como su madre, no lo hará -dijo Tom, y tú agachaste la mirada.
-No se trata de... perdonar -murmuraste- Lo que me pasa es que no puedo olvidar. Has ensombrecido mi mundo, Tom.
-Lo sé -dijo Tom, observando con tristeza vuestras manos entrelazadas- Y el mío también. No es que importe, pero yo me lo merezco, tú no.
-Entonces, ¿por qué lo hiciste?
Tom suspiró profundamente y soltó tu mano para pasársela por la cabeza.
-Porque ella estaba allí -respondió de manera brutal, y frunció el ceño al ver que tú te sobresaltabas.
-Debes haberle hecho mucho daño.
-¿Sí? -dijo Tom-. No es como tú, _____. Las mujeres como savannah tienen la piel curtida, no se les hacen daño tan fácilmente.
-Y con eso te justificas, ¿no?
-No -dijo Tom y se apoyó los codos en las rodillas y se quedó mirando al suelo sobriamente- Pero no puedo sentirme culpable por sus sentimientos cuando no ha tenido en cuenta los míos.
Tú frunciste el ceño, sin entender a qué se refería. Tom te vio y suspiró.
-Si trato de explicártelo todo, ¿me escucharás? -dijo. ¿Lo escucharías? ¿Querías saberlo todo? ¿Podrías aceptar la verdad? Apartaste los ojos de él. Te temblaban los labios y estabas llena de incertidumbre.
Tom te agarró la mano y la estrechó.
-Por favor -te pidió de nuevo- Eras y sigues siendo la única mujer a la que he amado, _____. Si no puedes oír nada más, por favor, oye eso, porque es la verdad.
-Entonces, ¿por qué te acostaste con savannah?
Tom se irguió y frunció los labios. Retiró la mano y la dejó caer entre sus rodillas.
-Porque, por un corto periodo de tiempo, perdí el control. No sólo con lo que estaba ocurriendo entre tú y yo, sino también aquí, en este despacho. savannah fue una válvula de escape. Así de simple -dijo mirándote con pesadumbre-. Estaba bajo mucha presión y, sinceramente, la utilicé para librarme de alguna de esa presión.
¿Y eso qué significaba para ti?, te preguntabas, sintiendo que la ira se agitaba en tu interior.
-Y ahora, yo tengo que perdonar y olvidar -dijiste- Y sentarme a esperar la próxima vez que estés bajo presión y sientas la necesidad de encontrar otra válvula de escape.
-No -dijo Tom con tranquilidad-, porque no volverá a ocurrir.
Tú lo miraste con escepticismo.
-No volverá a ocurrir -repitió Tom -, porque la primera vez no funcionó.
Observó tu rostro para ver si entendías lo que quería decir. Sonrió al comprobar que no era así.
-Tú y tu eterna inocencia -murmuró secamente.
-Dejé de ser inocente, Tom, a los diecisiete años. ¡Tú me quitaste la inocencia!
-Tú me la diste, _____. Me la diste libremente.
Tú te sonrojaste. Tom tenía razón. No solamente se la habías dado, sino que se la habías entregado alegremente.

Cap. 43.-
-Y, lo creas o no -continuó Tom -, la acepté cuando no tenía intención de hacerlo. No... No pienses mal. Te deseaba. ¡Dios mío, siempre te he deseado! Tenía veinticuatro años y cierta experiencia. Sabía que debía apartarme de ti y marcharme antes de que las cosas llegaran a ser demasiado serias. Pero no pude, así que decidí que lleváramos una relación inocente, pero tampoco pude conseguirlo -dijo apretando la mandíbula- Al final, estaba tan obsesionado contigo que mi trabajo se resintió. Y el tuyo también. Tenías sobresaliente en todo hasta que aparecí yo. Pero, en lugar de sumergirte en los estudios, que era lo que debías hacer, empezaste a salir conmigo. Y tus padres hablaron conmigo...
Tu te quedaste muy sorprendida ante aquella noticia. Siempre habías pensado que tus padres se habían limitado a saludar a Tom con una sonrisa cuando iba a recogerte a casa.
-No querían que saliéramos. Y tenían razón, yo ponía en peligro tus estudios. Y por ti, yo pospuse los grandes planes que tenía para mi futuro.
-¿Esto? -preguntaste, refiriéndote al despacho en el que estabais.
- Algo como esto -asintió Tom.
-Así que al final alcanzaste tu sueño, a pesar de mí -dijiste amargamente.
-Pero a expensas del tuyo -dijo Tom.
-¿Los míos? ¿Cómo sabes cuáles eran mis sueños si nunca te molestaste en preguntar? -Estudiar Arte primero y luego, ganarte la vida como artista. En publicidad, tal vez, o en diseño. No pensabas en otra cosa.
-¿Ah no? -dijiste, burlándote de la excesiva confianza de Tom -. Eso demuestra lo poco que me conoces.
Un brillo cruzó la mirada de Tom.
-Entonces, ¿qué querías? -preguntó Tom con cierta incomodidad, como si no quisiera escuchar la respuesta.
Tú le dirigiste una mirada desafiante. «A ti», querías decirle, «todo lo que he querido en la vida eres tú».
-Digamos que he obtenido lo que merecía -dijiste, y te diste cuenta de que a Tom le dolieron aquellas palabras.
-Estuve a punto de desaparecer de tu vida hace ocho años, cuando me dijiste que estabas embarazada -dijo Tom y tu cerraste los ojos, aceptando que le correspondía a él hacerte daño- Pasé aquella noche aquí, en Londres, pero
lo que no sabes es que tuve varias entrevistas en las que me ofrecieron irme a trabajar al extranjero.
Tú lo habías sospechado.
Desde que supiste su aventura con savannah, sospechaste que Tom se había visto atrapado por tu embarazo. Tom no se habría casado contigo, pero no tuvo elección.
-No... -dijo Tom agarrándote las manos otra vez-... estás confundiendo mis razones. ¡No quería dejarte! Pero estaba preparado para salir de tu vida por tu propio bien. Eras demasiado joven como para decidir tu vida tan pronto. Aquellas ofertas de trabajo eran una encrucijada. Acepté una de ellas, porque creía que era lo mejor para los dos. Pero no era una decisión fácil y me sentía muy mal, ensayando un montón de adioses.
Se detuvo, recordando.
-Y allí estabas tú -murmuró-, de pie delante de mí, mirándome con esa ... con esa -dijo, cubriendo con una mano tu mano por un instante- Y allí estaba yo, muriéndome por dentro porque tendría que abandonarte. Y lo que
ocurrió a continuación... -dijo tragando saliva- ... fue que hicimos el amor cuando no debimos hacerlo, porque, ¿cómo le dices a la mujer que amas que vas a dejarla? -dijo, tan perdido en sus propios recuerdos que no se daba
cuenta de que tú estabas pálida y quieta. - Entonces, cuando trataba de decirte que me iba, apoyaste la cabeza en mis rodillas y dijiste: «Estoy embarazada, Tom, ¿qué vamos a hacer?».
Rió ligeramente, sacudiendo la cabeza.
-Fue como la anulación de una condena a muerte cuando el verdugo está a punto de ponerte la soga al cuello. Me sentí libre, vivo. Tan vivo que lo único que pude hacer fue quedarme allí sentado y dejarme invadir por la alegría. No tenía que dejarte marchar porque me necesitabas. ¡Me necesitabas! Podía dejar de pensar en tus estudios, en lo joven que eras. Y podía hacer lo que más deseaba, que era casarme contigo y cuidarte y guardarte, para que nadie supiera el maravilloso tesoro que tenía.
Respiró profundamente y luego, dejó escapar el aire muy despacio.
-Entonces, nos casamos -continuó con menos emoción-. Y nos vinimos a vivir en aquel piso tan pequeño de Camden Town. No teníamos dinero ni propiedades, pero creo que no he sido más feliz en mi vida. Entonces, llegaron los mellizos y empecé a hacer algo que siempre había pensado, empecé a jugar en la bolsa. Compré acciones, y un día, un paquete me dio un gran resultado. Podía hacer dos cosas: comprar una casa para ti o reinvertirlo todo. Lo invertí todo -confesó-y me sentí como si hubiera cometido un pecado mortal.
A ti te habría gustado que, al menos, consultara contigo lo que debía hacer. Pero, pensaste, tal vez, Tom no habría llegado a ser el que era si hubiera tenido que consultar a otros cada vez que tomaba una decisión arriesgada.
-Pasé un año sintiéndome culpable cuando se hizo tan difícil vivir en aquel piso con los dos niños. Pero entonces, las acciones empezaron a dar dividendos y alcanzaron un precio tan alto que las vendí para invertir otra vez. Y después de aquello, nunca tuve que mirar atrás. Compramos la casa y fundé mi propia empresa, que ha crecido hasta llegar a convertirse en lo que es hoy. Aunque todo eso, no sin sacrificios. Cuanto más crece la empresa, más tiempo tengo que pasar trabajando. Y la naturaleza de mi negocio supone que tengo que moverme por ciertos círculos sociales para enterarme de lo que pasa en el mundo de los negocios. Pero, cuanto más conozco ese mundo, más decidido estoy a que no te toque ninguna de sus bajezas. Tú has sido el jardín de rosas en medio de la jungla urbana en la que me desenvuelvo. Tú has sido la única constante de mi vida. Siempre que vuelvo a casa, veo a la chica de diecisiete años de quien me enamoré y sé que sería capaz de luchar contra el mismo diablo para conservarte así.
De nuevo, respiró profundamente. Te miró con alguna timidez, porque te estaba revelando demasiado del hombre que normalmente guardaba escondido en su interior, el hombre que tu siempre habías querido conocer, pero que nunca parecía estar lo bastante cerca de ti.
-Creo que allí arriba, alguien debía pensar que era demasiado feliz, porque tuviste un embarazo y un parto muy difícil con Justin, y uno de mis últimos negocios se vio metido en un escándalo de fraude, que llevó meses resolver. Pasé más tiempo fuera que en casa, que era donde debía estar, ayudándote. Porque muchas veces eres demasiado terca, _____. Teníamos más dinero del que podíamos gastar y te negaste a contratar una asistenta.
Tú te erguiste.
-Puede que tú no puedas dirigir este lugar tú sólo, pero yo sí puedo ocuparme de una casa y tres niños.
Tom suspiró.
-Pero todos tenemos un límite de resistencia -señaló-. Tú casi alcanzaste el tuyo cuando nació Justin y nos dio cuatro meses de tormento.
-Y me enteré de tu aventura con savannah -añadiste con frialdad.
Pero Tom negó con la cabeza.
-No. Ése fue el resultado de sobrepasar mi límite de resistencia, _____. Casi lo pierdo todo en la compra más difícil en la que he estado metido. Harvey's, un grupo de empresas más grande que el mío, decidió que quería quitarme de la circulación y me atacó con todas sus armas. Incluida una acusación de fraude.
Cap. 44.-
Final de "un marido infiel"

-¿La compra de Harvey's?.
Tú siempre habías pensado que había sido Tom el que proponía comprar aquella empresa, y no al revés. Tom asintió, sin saber que tú estabas asombrada con la nueva visión de los hechos.
-Fue amarga y muy dura -dijo- Y tuve que asumir riesgos que me hacen temblar cuando pienso en ellos, ahora que terminó todo hace tiempo. En otros periodos difíciles, siempre te tuve a ti para encontrar alivio, pero estabas ocupada con Justin y con el sarampión de los mellizos. Sé que suena muy egoísta, pero los envidiaba porque ellos obtenían tus cuidados y yo no. ¡Te necesitaba, _____, pero no podías ayudarme! Y, que Dios me perdone, savannah sí podía -dijo y suspiró con angustia- Con la brillante ayuda de savannah, gané la batalla de Harvey's. Pero sabe Dios por qué razón, me sentí tan aliviado que perdí el control y caí en sus brazos.
-¿Cuánto tiempo?
Tom te miró con asombro.
-¿Cuánto tiempo qué?
-¿Cuánto tiempo fuisteis amantes?
Tom sacudió la cabeza con una extraña expresión.
-Nunca lo fue, al menos, no en el sentido en que tú lo dices. He intentado decírtelo alguna vez, pero te negabas a escucharme... Dios sabe que no te culpo. Al fin y al cabo, te he sido infiel en todo menos en hacer el amor. Salía con savannah en lugar de volver a casa. La invitaba a cenar, a bailar...
-Eliza me dijo que te había visto saliendo de su apartamento -dijiste con voz grave.
Tom asintió.
-Después de la batalla con Harvey's me volví un poco loco -dijo sin poder ocultar cierto desprecio por sí mismo-. Me quedé sentado aquí bebiendo hasta que no pude volver a casa conduciendo. savannah me recogió y me llevó a su apartamento hasta que estuve sobrio. Oh! -añadió con una sonrisa cínica-, no me entiendas mal. Ella sabía lo que estaba haciendo y yo sabía lo que se proponía, pero... no pude. No eras tú y, borracho o no, la idea de acariciarla me ponía enfermo. Debió darse cuenta, porque salió de la habitación. Yo me quedé dormido y no me desperté hasta la mañana siguiente. No tengo ni idea de dónde durmió ella aquella noche, pero entró en la habitación mientras yo trataba de recordar lo que había ocurrido, horrorizado por mi comportamiento incluso antes de que me dijera que no me había portado mal para haber bebido tanto.
Se detuvo para tragar saliva y tú te pusiste muy pálida.
-Dejó que me atormentara durante meses antes de decirme la verdad. Fue su forma de vengarse de mí por quitarle la representación de mi empresa y dársela a uno de sus socios. La noche que habló contigo no fue más que un intento de vengarse de mí. Cuando la llamé, le dije que iba a retirar mis negocios de su esfera. Estoy hablando de mucho dinero, _____, de una cuenta muy lucrativa. Que la firma perdiera la representación de mis negocios completamente no iba a sentar muy bien a sus socios, que la temen, sobre todo, porque se puede ir de la lengua. Los insultos que cruzamos son tan viles que no quiero repetirlos, pero me dijo que no la había tocado nunca, lo que me hizo sentirme mucho mejor. Me dijo las peores cosas que se le pueden decir a un hombre, pero a mí me sonaron a música celestial, porque me di cuenta de que estaba diciendo la verdad cuando decía que no la había tocado. Y esa es la verdad desnuda... -dijo mirándote a los ojos- Espero que la creas, pero no te culparé si no quieres hacerlo.
Tú agachaste la cabeza, mirándote las manos que tenias apoyadas sobre el regazo. Querías creerlo, necesitabas creerlo, pero...
-Puedes quedarte con todo mi dinero y todo mi poder -dijo Tom con voz grave-, a cambio de tu perdón.
-Ya tienes mi perdón -le dijiste con irritación, pero las dudas no te abandonaban.
-Entonces ¿qué más quieres que diga? -dijo Tom con frustración- ¡No puedo obligarte a que lo olvides! ¡Sólo tú puedes hacerlo!
Tú perdiste la paciencia y te levantaste. Te ponía furiosa que Tom descargara en ti los problemas de su matrimonio. Había revelado mucho de sí mismo, pero aquel hecho no te ayudaba.
Tal vez aquel fuera tu problema. Tú, como Tom, siempre habías ocultado una parte de ti misma. Tus sueños, tal como él los había llamado.
Pero, ¿cómo iba él a saber que tu sueño era ser su esposa y la madre de sus hijos, si tú no se lo habías dicho nunca?
¿Podrías decírselo en aquellos momentos? Con toda la tristeza y el dolor que habías llevado a sus espaldas en los últimos meses, ¿podrías ser tan sincera con él como él lo había sido contigo? ¿Podrías serlo con el fin
de salvar vuestro matrimonio?
El silencio era espeso. Entonces, al verlos colgados sobre la pared, detrás de donde Tom se encontraba, te dio un vuelco el corazón…
Nick, Vanessa, Justin y tú. Tus propios dibujos enmarcados y colgados en el despacho de Tom.
-Los robé -dijo poniéndose en pie mientras tú te acercaba a ellos-. Quería verlos cada vez que lo necesitaba... ¿Te molesta?
Tú te sorprendiste de no haberlos echado de menos. Entonces, recordaste el desorden que reinaba en tu casa con los preparativos de la mudanza y sonreíste.
-Has quitado las rayas -advertiste observando tu retrato y sintiéndote un poco expuesta por lo mucho que revelaba de ti misma- Yo no soy así -dijiste a pesar de lo que tus ojos te decían.
-Sí lo eres -dijo Tom con un orgullo que no te pasó desapercibido -. Es una galería familiar.
-Pero faltas tú.
-Sí -dijo Tom, y la sonrisa desapareció de su semblante-. ¿Por qué _____? ¿Por qué no había un retrato mío en ninguno de tus cuadernos?
¿Los había hojeado todos? Vacilaste un momento y luego, le dijiste la verdad, era la hora de la verdad.
-Todos me quieren -le dijiste mirando los retratos de tus tres hijos- Yo creía que tú ya no me querías. Traté de dibujarte -añadiste-, pero no lograba recordar tus rasgos, así que lo dejé.
-¿Los ha visto Trumper?
-¿Qué? -la hosquedad de su voz te sorprendió y tuviste que pensar por un momento antes de recordar quién era Trumper.- Oh!, no. Nadie los había visto.
-¿Fue muy serio lo que ocurrió entre ustedes?
-En absoluto.
-Lo besaste. Los vi.
-¿Un beso apresurado en un coche? -dijiste burlándote de los celos de Tom -. No fue nada, nada en absoluto.
Pero Tom no se convenció y te agarró por los hombros. Tú suspiraste. Tom lo había hecho de nuevo, había descargado las culpas sobre ti de modo que tenías que defenderte de algo que ni siquiera habías hecho. Sonreíste al pensar en lo absurdo que era todo.
-Vuelves a parecerte a ese diablo -dijiste-. Ya sabes, el que se ducha con fuego.
-Voy a besarte -gruñó Tom.
Cap. 45.-
-¿Qué? ¿Aquí en tu despacho? Te equivocas de escenario, cariño, yo pertenezco a tu otro mundo, ¿recuerdas?
Tom te besó apasionadamente, hasta que tú te rendiste entre sus brazos. Te besó hasta que tú le echaste los brazos al cuello y le acariciaste la nuca, hasta que vuestras lenguas se entrelazaron. Tus pezones se erizaron, al
tiempo que sentías la urgencia del deseo de Tom contra el vientre.
-Te amo, _____ -susurró Tom.
-Lo sé -dijiste besándole suavemente en el cuello-. Creo que puedo creerte otra vez.
Tom suspiró con alivio y volvió a besarte, esta vez dulcemente.
Uno de los teléfonos empezó a sonar. Tom lo miró con un brillo de ira en la mirada. Luego te agarró y te llevó hasta su mesa.
-No te muevas -dijo separándose un poco de ti para alcanzar el teléfono.
Fue increíble cómo pasó de ser un amante apasionado a ser un frío hombre de negocios, pensaste mientras mirabas a Tom aunque sin oír nada de lo que decía. Parecía más delgado, con los rasgos más duros, como si se hubieran
alterado para corresponderse con el hombre que era en aquellos momentos. Su mirada era fría, a pesar de que dejaba de mirarte, y tenía los labios apretados, perdiendo toda la sensualidad que tenían al besarte.
Tú sonreíste y Tom frunció el ceño al verte, sin distraer la atención de la conversación que estaba manteniendo. Un diablillo en tu interior hizo que te dieran ganas de hacer cosquillas sobre la armadura de aquel
magnate de las finanzas y le acariciaste un muslo.
Tom casi se atragantó. Agarró tu mano para detenerte, un brillo cruzó por sus ojos y le tembló la voz. Tú te reíste.
-Te llamaré más tarde -gruñó Tom y colgó-. ¡Era un cliente muy importante! ¡Lo has hecho a propósito! –te acusó atrayéndote hacia él.
-Te amo, Tom -le dijiste suavemente.
Tom se puso pálido y tragó saliva.
-Dilo otra vez.
Tú lo besaste en la boca con ternura.
-Te amo -repetiste, dándote cuenta de lo fácil que te resultaba decirlo después de haberlo dicho una vez.
Tom respiró profundamente, casi como si estuviera oliendo el aroma de aquellas palabras.
-Echaba de menos que me lo dijeras -dijo, y volvió a respirar profundamente- He echado de menos la luz de tu cara cuando me lo dices -dijo acariciándote la mejilla.
-Te quise cuando era una niña de diecisiete años -le dijiste con dulzura- Y, desde entonces, nunca he dejado de amarte. Sólo que, a veces, me olvidaba.
-Y ocultaste tus sentimientos, convirtiendo las noches en un infierno -dijo Logan con un profundo suspiro- Todas esas noches silenciosas y oscuras. Eran como un castigo.
-Vámonos a casa -murmuraste tu que deseabas abrazarlo desnudo en la luz de vuestro dormitorio- ¿No nos podemos ir?
-¡Claro que podemos! -dijo Tom levantándose de la mesa- Soy el jefe, esto es mío.
-Mmm, ya me había olvidado de que eres multimillonario -dijiste, mirándolo reflexivamente- Eso significa que, si nos divorciamos, la mitad de tus propiedades son mías. Me pregunto si merecerá la pena...
Tom te agarró por los hombros y te condujo hacia la puerta.
-Vámonos a casa. A la nueva. Le dejaremos los niños al ama de llaves e inauguraremos una de las habitaciones, así podré enseñarte la más valiosa de mis propiedades.
-Parece interesante -musitaste.
-Será algo más que eso.
-Estoy en una condición muy delicada, ya lo sabes.
-Lo que no ha supuesto ningún problema hasta ahora. De hecho, te recuerdo que sueles ser más sensible cuando estás así.
En aquel momento, se abrió la puerta del despacho y los niños entraron corriendo.
Tom agarró a Justin, que estaba muerto de sueño. El niño apoyó la cabeza en el hombro de su padre, y tú no pudiste evitar una sonrisa al ver la escena.
Bajaron en ascensor y se dirigieron al aparcamiento.
Tom llevaba a Justin en un brazo y con el otro rodeaba tus hombros. Nick se había convertido en un piloto de caza que amenazaba con atacarlos según avanzaban y Vanessa iba agarrada con fuerza de tu mano.
-Nunca volveré a hacerlo, mamá -te había dicho hacía unos instantes.
Y tú sabías que cumpliría su promesa.
Era un día soleado y la mitad de los empleados de Kaulitz Holdings estaban asomados a las ventanas para ver a la familia del dueño de la empresa.
-No puedo creerlo -dijo un hombre- Sabía que estaba casado, ¡pero cuatro hijos!
-Llevo años trabajando para él -puntualizó otro- Y no sabía que estaba casado. Siempre ha sido demasiado duro, no sé cómo una criatura como ésa puede haberse casado con un hombre así.
-Ahora no parece tan duro -señaló el primero-. Al revés, tiene un aspecto muy amable. Puede que en su casa sea diferente.
- Puede que ella no sea tan dulce como parece -dijo el segundo-. Después de todo, si tienen cuatro hijos, significa que...
-¿Y mi coche? -preguntaste.
-Haré que lo lleven esta tarde.
-No mientras tenga las llaves aquí mismo -dijiste con un aplomo muy femenino.
Tom murmuró algo entre dientes, cambió al pequeño Justin por las llaves del coche tuyas, y después de abrir el coche les dijo a los mellizos que se metieran en el asiento de atrás.
Abrió la puerta del acompañante y te ayudó a entrar. Los empleados que miraban desde las ventanas, lo vieron volver al edificio y aparecer al cabo de unos segundos con Archer, del departamento de ventas, el joven que te había acompañado hasta su despacho.
Tom le dio las llaves y señaló el coche blanco. Tom montó en el BMW y, un momento después, salió para abrir la puerta de atrás. Los niños salieron a toda
velocidad y él fue a abrir la puerta del acompañante. Recogió a Justin y todos juntos se dirigieron hacia el Escort. Tom cruzó unas palabras con Archer y se intercambiaron las llaves. La razón del cambio de coche quedó
clara cuando sentaron a Justin en su sillita. Archer se dirigía al BMW cuando Vanessa lo detuvo. La niña miró a su padre, que a su vez miró a Archer, quien se encogió de hombros, sonrió y la agarró de la mano. Los dos se
dirigieron al BMW y los demás al Escort.
-Santo Dios -dijo alguien- ¡Lo tienen en el bote! Me pregunto cómo lo hacen. Saberlo puede valer una fortuna.
-Ojos marrones, pelo negro y un cuerpo delicioso, aunque esté embarazada, ésa es la fórmula. Yo creía que tenía una aventura con savannah-murmuró otro.
-¡savannah!
Perdón. Es verdad, es una idea muy estúpida.
-Qué niños tan guapos -dijo alguien.
-Qué mujer tan guapa -dijo otro.
-Qué coche tan bonito -dijo riendo el siguiente.
-¿Su casa es bonita?
-Su negocio es bonito -dijo algún bromista.
-Bonito panorama. Venga, todos a trabajar -gritó un jefe.
-Recuérdame que compre una sillita para mi coche -dijo Tom.
-¿Qué? ¿Y echar a perder tu imagen de despiadado hombre de negocios?
-¿Qué imagen de despiadado hombre de negocios? ¿Te has molestado en mirar a las ventanas del edificio?
-No, ¿por qué? -dijiste, volviéndote a mirar en aquellos instantes y observando a los curiosos- ¿Te van a gastar bromas sobre nosotros?
-En mi cara, no, si tienen un mínimo instinto de supervivencia. Aunque sabe Dios lo que dirán a mis espaldas.
-No importa -dijiste, apoyando una mano sobre la pierna de Tom-. Despiadado o no, todos te queremos.
-Deja la mano donde está y dirán que soy un maníaco sexual.
-¿Qué es un maníaco sexual? -preguntó Nick. Tú proferiste una risita y apartaste la mano. Tom miró al cielo y suspiro.
-Cuando seas mayor, hijo -dijo- Te lo explicaré cuando seas mayor.
-¿Me lo vas a explicar a mi también cuando sea mayor? -dijiste.
Tom te dirigió una ardiente mirada.
-Haré algo mejor que eso. Te haré una demostración en cuanto estemos a solas.
-Con la luz encendida, para que pueda...
-¡_____! -exclamó Tom, cerrando los ojos- No sabes cuánto deseo hacerlo.
-Sí que lo sé -le dijiste, y tu mirada le dijo por qué.
La mirada de Tom se ensombreció.
-Sigue pensando lo que estás pensando -dijo, y aceleró.


FIN


hola ... BUENO TARDE PERO SEGURO ... AQUI ESTA EL FINAL DE LA NOVELA ... MAÑANA LES AGREGARE LA NUEVA ... SE LLAMA "NO DESEARAS" ... ASI QUE PREPARADAS, YA SABEN 3 O MAS ... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR TOMARSE EL TIEMPO PARA LEER ESTA MUY HERMOSA NOVELA ... HASTA LA VISTA CHICAS :))

6 comentarios:

  1. Awww que bonita fue esta novela, me encantó, muchas gracias por publicar ya sabes jajajajajaja

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  2. que novela tan buena.. me encanto virgi.. que bueno que (Tn) pudo perdonar a Tom, jejeje todos los empleados de Tom si son curiosos jejeje.. ya me muero x leer la nueva novela..

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  3. Me encanto, tienes alguna parte donde salgan todos los links de tus novelas? Por favor

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    Respuestas
    1. claro geraldine ... si quieres agregame al face y ahi te paso todas pero son adaptadas y unas mias ... :))

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    2. Si me encantaría porfa, dame tu face y ahí hablamos ;))

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  4. Hermosaa fic!!

    Lo ameeeeee muchooo..

    Ya muero por leer el siguienteee!! :)

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